ABRIENDO CAMINO AL ANDAR

Mi pasión es caminar entre las lomas y montes siguiendo el curso de los ríos en una experiencia que es aliciente para olvidarse por completo del trajín de la ciudad. De muy pequeño, mientras hacia los mandados sobre un caballo, los vecinos al verme pasar me llamaban “el caminante”.

No entendía, y un día decidí preguntarle a mi madre la razón y esta fue su respuesta: “Cuando estuve de parto no supe que hacer, yo era primeriza. Tu padre rápidamente buscó tres hombres de entre sus trabajadores que prepararon una litera (mecedora), y ellos me llevaron en sus hombros rumbo al hospital. El tiempo no fue suficiente para llegar hasta allí, teniendo que dar a luz a mitad de camino. Por suerte, apareció una mujer que pudo ayudar, quien ahora es mi comadrona”.

Les cuento esta historia porque desde entonces comencé a pensar que la caminata y la exploración era lo mío. Desde niño, siempre he sentido la necesidad de andar entre los montes. Los primeros que exploré fueron los de la cordillera Septentrional entre las provincias Duarte y María Trinidad Sánchez. Llegué a dormir en un rancho, acostado encima de una cama hecha de palos y hoja de plátano a la que se le llamaba barbacoa en medio de un conuco y a su alrededor un denso bosque, ríos y arroyos. En ese momento se puede decir que así eran las condiciones de vida, pero en esa forma me encantaba vivir la experiencia, en especial, porque yo mismo siendo cibaeño, oriundo de San Francisco de Macorís, caminaba en la certeza de que las puertas siempre estarían abiertas en cualquier hogar que me detuviera.

SIGUE DESCUBRIENDO MÁS DE MIS EXPERIENCIAS ~>

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